Héctor Mendes
Ensayos

Ensayos

“Quevedo volviendo” (Inédito).

 Después cruzamos la calle e ingresamos en la Cervecería y Restaurante “Quevedo”. El nombre de la cervecería podría ser un homenaje, aunque es más probable que se trate del oportuno aprovechamiento de la cercanía a la casa célebre. Los parroquianos ríen a carcajadas, hacen chocar sus vasos espumantes en brindis continuos, discuten en voz alta sobre los toros de esa tarde y los resultados del futbol. El aire huele a cerveza, vino rojo, sudor, maníes y frituras. La grasienta pantalla de un televisor aporta al bullicio la música de una zarzuela que nadie ve ni escucha.    

A través de la ventana, miro la casa de Quevedo, del otro lado de la calle, que permanece sombría, inmóvil y silenciosa. Como si el fantasma del antiguo habitante contemplara el espectáculo de una taberna de su época. Nadie aquí sabe quién es Quevedo, ni les importa. Durante un instante, pienso que el nombre de la cervecería y la tosca algarabía son algo así como un sacrilegio. Pero de inmediato, me doy cuenta de mi error.  Quevedo no fue ajeno a esos ambientes, donde oyó las jergas populares de su tiempo, y fue parte de las risas y el sarcasmo con que se vengaba de las intrigas cortesanas. Quizás había en esos vasos de vino que nos rodeaban algunos de los “tudescos moscos”, de los molestos mosquitos ebrios de sus poemas satíricos. Claro que Quevedo no es sólo eso, pero también es ese mundo, transfigurado por el esplendor de un lenguaje sin precedentes.