Héctor Mendes
Narrativa

Narrativa

“Un día histórico”.

Publicado en Cuentos de hoy mismo (Círculo de Lectores, 1982).

“Pasajero nocturno”.

Publicado en Primer Concurso Literario 1984 Derechos Humanos (EUDEBA-APDH, 1986), Cuentos regionales argentinos (Colihue, 1992) y Sur del Mundo, narradores de la Patagonia (El Patagónico Ediciones, 1992).

La cabeza del hombre dormido a mi lado golpea contra el vidrio de la ventanilla. El hombre se despierta y el temblor de su mano me toca el hombro.

-¿Qué pasa?

-Nada -le digo- fue una sacudida. Un desnivel en las vías, o algo así. 

Las luces del vagón están apagadas y casi todos los pasajeros duermen. El tren avanza, disparado en la noche del desierto.

“Campo de juego”.

Publicado en Narraciones Cardinales “20 escritores argentinos de la segunda mitad del siglo XX” (Editorial Mapu, 1996).

Ahí fue cuando nosotros, al ir entrando en la cancha a medida que nos nombraban, para que Poposky no se sintiera mal, para que se diera cuenta de que nada había cambiado, le tiramos piedras y cascotes de tierra seca. Uno de los cascotes reventó en su frente y lo tumbó hacia atrás, mientras nosotros reíamos. Cuando se reincorporó, nos pareció que él también se reía. Hizo un gesto como diciendo “basta”, o quizás “gracias”.

“Hume en primavera”.

Publicado en Patagónicos, narradores del país austral (Ediciones Desde La Gente, 1997).

El sol se opaca en un círculo descolorido y se respira un aire turbio. La gente se vuelve malhumorada, irritable. Se cierran puertas y ventanas y sólo se sale lo necesario. Durante horas, en los cuartos sofocados por el polvillo áspero que a pesar de todo penetra silbando por los intersticios, se miran unos a otros las caras grises y se odian como nunca. 

“El vuelo del molinero”.

Publicado en II Concurso Nacional de Cuentos Eduardo Gudiño Kieffer (2005).

Las plumas se elevaron, atraídas por los giros del viento. Al chocar contra una ráfaga se dispersaron, relampagueando durante un instante en la luz del amanecer. El hombre observó con atención el recorrido de las plumas y trazó en su cuaderno complicadas líneas y espirales. 

Luego, abrió la puerta y entró a su pieza, en la parte baja del molino. Descolgó de la pared una enorme jaula de mimbre, en la que se agitaban diez pajaritos grises. Parado en la puerta, volvió a salir y abrió la jaula. Los pajaritos salieron en bandada y a los pocos minutos se perdieron en el horizonte. El hombre volvió a entrar. Se sentó a la mesa y dibujó los últimos gráficos en su cuaderno. 

Después, asintió en silencio. 

Los enigmas se habían resuelto en su cabeza. El momento había llegado. 

Ese día, volaría.

“La música de las batallas”.

Publicado en Sexta Antología de Cuento y Poesía Leopoldo Marechal (2008).

Eran un ejército de fantasmas menesterosos salidos de la nada, entregados a la suerte del errático silbido de los disparos, con el trasfondo de esa música estridente y desafinada que les llegaba desde el otro lado como una burla fúnebre.

“De guerras y usurpaciones”.

Publicado en Último círculo y otros cuentos (Editorial Berberac, 2010).

“Esperando a Lucero”.

Publicado en Cuentos Rioplateados. Dos siglos, dos orillas (Fundación El Libro, Dirección de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires e Intendencia de Montevideo, 2010).

Uno de los cuentos más sugestivos de esta serie “Esperando a Lucero” de Héctor Mendes, historia que expresa la poderosa y peligrosa voz del silencio. Es la densidad de lo narrado lo que brinda cuerpo y solidez al relato. Pero la poderosa presencia del hombre que un domingo de tantos aparece en el almacén transformado en despacho de bebidas donde suelen reunirse los parroquianos, no carece de instrumento. Acaso su guitarra sea la voz de los sin voz, el lenguaje de la indocilidad que el viento barre de un lugar a otro como la hojarasca, tan inasible, inexplicable, que hasta se abriga la sospecha que la intervención de la autoridad no podrá con él. 

Fragmento del Prólogo a “Cuentos Rioplateados”, a cargo del miembro del jurado Zelmar Acevedo Díaz: 

“El otoño de los grillos y otros cuentos”.

Editorial Espacio Hudson (2019).

Un payador canta en silencio. Alguien se hace enterrar vivo. Una pareja de amantes va sobre un lecho arrastrado por la creciente. Un hombre y una mujer son llevados y traídos por las calles bajo remolinos de viento. Un molinero se dispone a volar como las aves. Un coronel intenta ganar con música las batallas. Una Babel de idiomas viaja a bordo de una goleta en guerra. Hay niños que conocen la muerte, los secretos familiares y la amistad con los grillos. Y hay trenes que viajan en la noche con cabezas, fugitivos y un extraño hombre-cine. Ambientados en el sur de Argentina, en pueblos de provincia o míticos escenarios del pasado, las historias de estos personajes revelan los límites difusos que existen entre la ficción y los mundos posibles de lo real.

En los cuentos de Héctor Mendes no hay lugar para el resuello: siempre hay algo más, una vuelta de tuerca que demora la lectura para que no termine ese placer, ese goce no por efímero menos hondo. La atmósfera de estos cuentos recuerda las historietas de Oesterheld y los pueblos de Cortázar y de Puig, con los que comparten ese aire narrativo que incluye por partes a veces iguales el humor, lo fantástico y lo mágico. Cuando piensa que puede haber llegado al borde de la desmesura, Mendes retrocede, toma envión y golpea con la potencia de un púgil budista.

Gerardo Burton